sábado, 20 de diciembre de 2014

La Tuta es guiado por un Brujo

De maestro a narco. Ese es el resumen de la historia de Servando Gómez Martínez, La Tuta, uno de los cinco principales jefes de la organización criminal conocida como los Caballeros Templarios.

Tras abandonar las aulas para sumarse a la delincuencia se convirtió —según investigaciones de la Procuraduría General de la República (PGR) y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal— en uno de los hombres más violentos de ese grupo.

Al grado de ser capaz de asesinar sólo porque quien le leía las cartas del tarot le revelaba supuestamente que alguien lo traicionaba. Encargado de las operaciones de los Caballeros Templarios en la zona serrana y costera de Michoacán, a Gómez Martínez.

Se le responsabiliza de masacres como la de los 12 policías federales en julio pasado y planificar estrategias mediáticas del grupo criminal para desacreditar funcionarios o hasta proponer públicamente pactos al gobierno federal, según los expedientes PGR/SIEDO/UEIDCS/283/2009 y PGR/SIEDO/UEIDCS/284/2009, e informes de la Secretaría de Seguridad Pública a los que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

Sólo por debajo de Nazario Moreno González, El Chayo, y de José de Jesús Méndez Vargas, El Chango Méndez, La Tuta igualmente es señalado como promotor financiero de políticos. Un ex cómplice metido ahora a testigo protegido con la clave de Carlos reveló cómo Gómez Martínez, a través de su hermano Luis Felipe, apoyó la campaña de Jairo Rivas Páramo, El Jairo, para ocupar el cargo de alcalde en el municipio de Arteaga, su tierra natal y población en la cual logró ejercer un control absoluto sobre autoridades y policías.

Informes oficiales consideran a La Familia Michoacana como una de las organizaciones criminales más peligrosas que operan en México, pero cuyas redes y nexos han comenzado a aparecer en Estados Unidos, país donde apenas hace unas semanas se detuvo a más de 300 de sus asociados. Su expansión —de acuerdo con la PGR y la SSP— está vinculada al empleo del terror y la violencia desplegada por células de sicarios que paulatinamente penetran en zonas cada vez amplias de Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Hidalgo, estado de México y el Distrito Federal.

De profesor a narco

Ante fiscales de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), el hermano de La Tuta, Luis Felipe Gómez Martínez, El Güicho, narró como el ahora capo del narcotráfico dejó los salones de clase para dedicarse al crimen.

"Cuando Servando tenía como 19 años se juntó con su esposa y se fue a vivir por Quiroga, donde dio clases ya que es maestro normalista. Cuando se separó se fue a vivir al rancho de su papá llamado 'Medina', el cual se encuentra en la periferia del municipio de Arteaga, ahí durante dos años cultivó la papaya, jitomate y maíz", comentó.

Añadió que Servando se fue a trabajar a unos ranchos de maestro y posteriormente regresó al pueblo. "Después me di cuenta que tuvo un problema con una persona de apellido Barragán, quien cuando fue detenido dijo que en un rancho había un sembradío de mota y que era de mi hermano, pero era mentira porque lo dijo para que lo dejaran ir y porque mi hermano le caía mal.

Sin embargo, La Tuta ya había comenzado a tener vínculos con narcotraficantes de su entidad y que poco a poco fueron visibles para su propia familia. "Yo le dije a Servando que dejara eso, esas cosas y luego fue cuando me di cuenta que él estaba metido en el narcotráfico", relató su hermano El Güicho, quien fue detenido en agosto pasado en Arteaga en casa de sus padres, cuando la Policía Federal hizo un nuevo operativo en ese domicilio.

Tiempo después, contó, le volví a pedir a mi hermano que mejor diera clases, pues ya no estaba dando clases, pero él me contestó: "Tengo que seguir en esto porque ya no me puedo salir". El Güicho aceptó no conocer exactamente la razón por la cual su hermano siguió dentro del narco, pero lo que si sabía era que por encima de él "estaban tres a cuatro personas para las que trabaja".

Me he dado cuenta de ello, subrayó El Güicho, por el periódico y la televisión, donde han dicho los nombres de esas personas y a las que no conozco, yo sólo conozco de ellos a mi hermano.

La última vez que vio a La Tuta fue el lunes 13 de julio pasado, cuando éste lo fue a ver a su casa por la madrugada. "Me pidió que por seguridad me fuera del pueblo. Yo le pedí que arreglara las cosas y me dijo que en eso andaba", indicó El Güicho.

Gurú, el indispensable

Prófugo hasta hoy, La Tuta utilizó los servicios de su "brujo" personal Juan Víctor Fernández Castañeda para escoger los sitios donde esconderse de la policía, además de identificar metafísicamente a sus enemigos. Pero también le servía para asuntos terrenales, como lavar dinero, enviar regalos o hasta para proveer de recursos a diferentes mujeres con las que vivía.

El Brujo, según el testigo protegido Carlos, se sumó a las filas de La Familia Michocana de la mano de Gómez Martínez desde 2007. "Él es de esas personas que supuestamente leen las cartas y predicen las cosas antes y después (sic) de que pasen. La Tuta le pagaba para que le dijera lo que supuestamente viera que pasaría en contra de él y cualquier persona. A veces que había operativo en Arteaga se lo llevaba con él para que no lo detuvieran", reveló ante fiscales federales.

Fe ciega

Según el colaborador de la PGR, era tanta la fe que La Tuta le tenía a Fernández Castañeda que la ocasión que El Brujo le dijo, por allá de septiembre de 2007, que una persona que trabajaba de tapicero en el centro del municipio de Arteaga "le había puesto el dedo" (denunciado) con el Ejército y que por eso le aseguraron armas, cartuchos, uniformes y vehículos robados, el jefe de la organización criminal lo mando matar.

"El Brujo le dijo a La Tuta que ese señor lo había puesto con los militares y como le creía tanto y confiaba totalmente en él, mandó a dos compañeros míos, que fueron Genaro Orozco, El 17 o El Cholo, y Jorge Fuentes Maldonado, El Rojo, a que lo mataran, lo cual llevaron a cabo en la propia casa del tapicero. Eso sucedió a finales de septiembre o principios de 2007", recordó Carlos.

Después de la salida del Ejército del municipio de Arteaga, cuando La Tuta regresó con todos sus sicarios El Brujo se volvió indispensable para el jefe criminal. "Nos tuvimos que salir de Arteaga porque había un fuerte operativo allá de los militares, cuando regresamos Fernández Castañeda le decía a Servando Gómez Martínez dónde esconderse para que no lo encontraran y si iba a ver un nuevo operativo militar o de los federales", añadió.

El Brujo siempre, dijo, ha tenido contacto con La Tuta, ya sea personalmente o por teléfono. Él lo mandaba a que le hiciera todo tipo de mandados, como entregarles dinero a todas las viejas de Servando o cualquier otro tipo de encomiendas. "Apenas en enero pasado, le pidió que le bajara dos camionetas robadas a Arteaga que eran para halconear (vigilar) o para algún levantón (secuestro)", señaló el testigo protegido.

También, continuó, le prestaba a La Tuta su cuenta bancaria que tiene en Bancomer para que le mandaran dinero que provenía de la venta de droga en Tijuana. Dicho dinero lo sacaba El Brujo y personalmente se lo entregaba a Servando. "En ocasiones cuando a todos los 'trabajadores' nos tenían reunidos Fernández Castañeda se encargaba de halconear, es decir, cuidar a los soldados que estaban en el cuartel ahí en Arteaga y él nos avisaba si había algo por el camino", apuntó.

Promotor financiero del alcalde

Carlos, el cómplice de La Tuta que ahora presta sus servicios a la PGR como testigo protegido, también habló sobre las vinculaciones políticas de su ex jefe y de sus familiares, como el caso del profesor Felipe Martínez Gómez, hermano del capo. Sobre él dijo que lo conoció desde 2006, cuando se enroló con La Familia Michoacana. Al respecto, indicó: "él es su hermano y en algunas ocasiones cuando veía gente sospechosa o alguna cosa rara ahí en Arteaga le decía a La Tuta, quien nos mandaba a ver lo que había dicho su hermano".

"Cuando andaba la campaña para presidente municipal en 2007, Luis Felipe, El Güicho, se quedó por órdenes de su hermano como encargado de ayudar a Jairo Rivas Páramo, El Jairo (alcalde de Arteaga, actualmente detenido en el estado de Nayarit). Siempre lo acompañaba a todas las presentaciones con la gente en el municipio y todo lo que hacia o decía El Jairo se le comunicaba a La Tuta", reveló el ahora colaborador de las autoridades.

En varias ocasiones, agregó, cuando se hacían las reuniones de El Jairo con la gente en la campaña, se repartían cosas regaladas entre las personas que asistían, como huaraches, zapatos, sandalias y también les daban comida y en ocasiones había cerveza y una banda de viento. "El Güicho se encargaba de organizar todo eso por órdenes de su hermano, quien no asistía para que no lo relacionaran, pero en su lugar él iba y andaba convenciendo a la gente para que votara por El Jairo", expresó.

Según la versión del citado testigo protegido, La Tuta le dio 200 mil dólares a El Jairo para su campaña, dinero que presuntamente fue enviado con su hermano El Güicho, a quien también lo dotó de un carro tipo Chevy Monza. Igualmente, según ese testimonio, por órdenes del capo su hermano bloqueó junto con un grupo de personas más, la carretera Siglo 21 a la altura de la caseta de Las Cañas, en protesta por la detención de El Jairo, cuando éste ya era presidente municipal de Arteaga.

Su faceta de negociador

En un documento elaborado en septiembre pasado por la SSP federal denominado "Estrategia mediática y propaganda del crimen organizado. La Familia Michoacana" se establece que como respuesta a la ofensiva del gobierno federal, la delincuencia organizada busca generar la percepción pública de una escalada generalizada de violencia a través de acciones de alto impacto y de corte terrorista, como ataques con granadas, ejecuciones en la vía pública, exposición de cadáveres con mensajes, difusión de amenazas y mensajes en mantas, calcinación de cadáveres, decapitaciones y fusilamientos.

Todo eso ha hecho La Familia Michoacana, al igual que los otros cárteles del narcotráfico. El objetivo que persiguen con ello, según la dependencia, es intimidar a grupos rivales y ampliar sus áreas de influencia; cobijo social por intimidación y miedo; inhibir la acción de la autoridad a través de elevar el costo social y político del combate a la delincuencia para lograr un repliegue, y fomentar una contracultura donde la delincuencia es sinónimo de éxito.

Durante casi 40 años, el crimen organizado se transformó, evolucionó en sus esquemas de operación, organización, estructura y logística criminal, y parte de esa adecuación incluyo también la modificación de su presencia ante los medios de comunicación, que pasó de un perfil bajo a mostrarse con gran impacto.

Así, La Familia Michoacana incursionó en esta táctica, tanto en la prensa escrita, como en internet, radio y en televisión, desde el inició de sus operaciones luego de su rompimiento con el cártel del Golfo y Los Zetas. Incluso, el grupo criminal anunció su aparición en desplegados pagados en medios periodísticos y de ahí siguió aplicando toda una estrategia mediática.

Le tocó a La Tuta operar en agosto pasado la fase más acabada de esta estrategia, después de que el 13 de julio La Familia Michoacana difundió por internet un video en el que se muestra el asesinato de 12 agentes federales. El capo del narcotráfico contactó a un medio televisivo para poder difundir una propuesta al gobierno federal por parte del grupo criminal.

A lo largo de 15 minutos, Servando Gómez Martínez mostró su faceta de negociador, y planteó que el grupo criminal quería pactar una tregua con el gobierno federal, además de usar el tiempo para acusar a funcionarios de seguridad federal, como Genaro García Luna, de complicidad con otros grupos criminales. La entrevista con La Tuta tuvo una amplia difusión en los medios de comunicación y obligó incluso a las autoridades a fijar su postura de rechazo ante tal proposición.

Adicionalmente, Gómez Martínez sería responsabilizado por las autoridades de la SSP de intentar producir una serie de videos para desprestigiar al titular de esa dependencia al señalarlo de nexos con otros grupos criminales. Todo ello se conoció —según la corporación policial— cuando un hombre secuestrado logró escapar de las manos de La Familia Michoacana y dio a conocer lo que preparaba el capo del narcotráfico.

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