lunes, 16 de septiembre de 2013

Marsella, capital del crimen organizado - Intereconomía

  • El pasado 6 de septiembre, el fiscal de Marsella, Brice Robin, intentó inyectar optimismo al anunciar las estadísticas de delincuencia de los ocho primeros meses de 2013 en la segunda ciudad de Francia. Según sus datos, las agresiones a personas han bajado un 13 % respecto a 2012 y las violencias físicas un 16%.

    Sin embargo, estas cifras, son un mero espejismo para la mayoría de los marselleses. Desde principios de año ha habido 15 homicidios debidos a ajustes de cuentas entre bandas rivales.

    Un ambiente que recuerda a la peor época de la French Connection, cuando Marsella destacaba –tristemente– por el poderío de su hampa, conocida por el nombre de Le Milieu. Entonces, sus figuras más destacadas eran Gaëtan Zampa, Jacky Le Mat o Francis Vanvenberghe, asesinado en 2000, y que ha pasado a la posteridad como Francis el Belga. En la actualidad, el Milieu carece de personajes carismáticos pero sus nuevos protagonistas y sus respectivas bandas actúan con la misma ferocidad que antaño. Y con un mismo objetivo: el control del tráfico de drogas.

    En 2012, fueron 24 las personas muertas como resultado de los ajustes de cuenta entre las bandas rivales. Acribillar a balazos es el método más común para acabar con las vidas de traficantes y demás personas vinculadas al Milieu. La serie criminal de 2013 la inauguró el 24 de febrero un joven de 21 años que fue tiroteado una veintena de veces en una zona caliente de la capital de la región de Provenza, Alpes y Costa Azul.

    Desde entonces le han seguido otras catorce personas, de las cuales la mitad han sido asesinadas en los últimos tres meses. Dos, el pasado día 5. Y uno de ellos, al menos por su apellido, no era un cualquiera. Adrien Anigo, de 30 años, era el hijo de José Anigo, ex entrenador y actual director deportivo del Olympique de Marsella.

    Adrien, de 30 años de edad, no era un desconocido ni para el Milieu ni para jueces y policías. Hace unos años fue condenado y encarcelado por atraco a mano armada; también se le acusaba de formar parte del gang de los joyeros. La reacción de su padre –una de las noticias más vistas estos días en medios y redes sociales de Francia– no ha podido ser más reveladora: "Se podía decir lo que se quisiera de mi hijo, pero era mi hijo".

    Anigo padre, al que se le ha reprochado desde hace tiempo sus amistades sulfúricas en Marsella, ha hecho un llamamiento para que cese la violencia; de paso, ha anunciado la presentación de una querella contra Los Guiñoles de Canal Plus, por una serie de ironías vertidas más de una vez desde el día en que murió Adrian.
    El caso del hijo del dirigente deportivo ha sido, como era de esperar, el más mediatizado de los crímenes acaecidos este año en la ciudad foceana. Sin embargo, hace ya tiempo que la seguridad en Marsella se ha convertido en un asunto de máxima preocupación a nivel nacional.

    El 20 de agosto desde París llegaron el primer ministro Jean-Marc Ayrault y el ministro del Interior, Manuel Valls, para constatar el problema in situ. Valls, el ministro más valorado del Gobierno y estrella ascendente de la política gala, tan brillante y cómodo con infinidad de asuntos, se muestra inseguro cuando trata los crímenes de Marsella.

    Tras haber enviado, deprisa y corriendo, nuevos refuerzos policiales, ahora propone un "pacto nacional" para conseguir que la tranquilidad vuelva a Marsella. Como buen político, tiene en perspectiva las elecciones municipales de 2014. Todas las encuestas coinciden en señalar que el Frente Nacional será el árbitro de los comicios que se celebrarán a dos vueltas. La derecha, que gobierna la ciudad desde 1995, podría sufrir un descalabro y el Partido Socialista local está envuelto en varios asuntos de corrupción.

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