domingo, 20 de septiembre de 2015

Campo o narco: los niños del agro - Forbes Mexico

El trabajo de los niños mexicanos en el cultivo de amapola y la producción de drogas está en la mira de la prensa internacional. El nuevo titular de la Sagarpa tiene el reto de unir esfuerzos con otras dependencias para que estos menores, a quienes se les llama jornaleros, regresen a las escuelas y no terminen engrosando las filas del nuevo mexican dream: "nacer pobre y morir narco".

Entre los cambios de mitad de sexenio realizados por el presidente Enrique Peña Nieto –en un intento desesperado por enderezar el barco– está el de titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

Enrique González Martínez se despidió de la corte del presidente para darle paso al ex gobernador de Querétaro, José Calzada Rovirosa, quien durante su gestión fue evaluado varias veces como el mejor mandatario estatal del país.

Calzada Rovirosa llega en un momento crucial en que la muy anunciada reforma del campo está en la lista del segundo paquete de grandes cambios anunciados por el gobierno federal.

Pero esta reforma no es lo único que tendrá que atender el nuevo secretario. Su arribo a la Sagarpa se da en un momento polémico en el que su antecesor acababa de justificar el trabajo de los niños en el campo.

"Eso no afecta. Al contrario: dignifica y fortalece a nuestras familias, que desde muy pequeños nos enseñen a trabajar, a labrar la tierra, a tener contacto con los animales", dijo Martínez y Martínez durante su participación en el foro Hacia democratizar la productividad rural sostenible.

Las declaraciones del ex secretario se dieron días después que México había recibido un exhorto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para adoptar medidas inmediatas para frenar la explotación de menores.

Calzada Rovirosa tiene ante sí un reto más grande: buscar esquemas para dar una vida más digna a los niños que trabajan en el campo, pero a la vez frenar la percepción de que estos pequeños jornaleros son ahora quienes producen en el campo drogas para los grandes cárteles, como empieza a percibirse en la prensa internacional.

A finales de agosto, el rotativo inglés The Independent y el estadounidense The New York Times consignaron cómo, según el último reporte de la Administración para el Control de Drogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), en México estaba aumentando el cultivo de amapola y la producción de opio, principalmente en el estado de Guerrero.

"Los niños participan activamente en el cultivo de amapola y la producción de opio, y muchos de ellos dejan la escuela para trabajar", señala el diario neoyorkino en una nota publicada el 29 de agosto que titula "Jóvenes manos en México satisfacen el crecimiento de la demanda de heroína en EU".

Narra la historia de Angélica, una adolescente de 15 años de edad que trabaja en el cultivo de amapola, pero a sus empleadores no les importa que sea menor de edad ni que en esta etapa de su vida trabaje en la cadena de producción de una droga.

Con resignación, Angélica le señala al diario: "es la mejor opción para nosotros".

El cultivo es sólo el inicio. El medio digital estadounidense Breibart publicó este fin de semana un despacho en el que destaca cómo ante los ojos ciegos de las autoridades mexicanas los cárteles usan a menores de edad también para transportar cargamentos de droga hacia diferentes destinos en la frontera con Estados Unidos.

La secuencia es muy sencilla: empiezan a trabajar en los campos de amapola o en la siembra de mariguana, donde pueden ser reclutados y de ahí pasar a ser carne de cañón en el transporte de drogas.

De los campos donde son explotados tienen la opción de vivir lo que recientemente Mauricio González Lara bautizó como el nuevo mexican dream: "nacer pobre y morir narco".

En este contexto, la tarea para el nuevo secretario de Agricultura es, como ya lo señalé, todavía más grande; tal vez no todo lo que rodea al tema de los niños jornaleros le competa, pero podría empezar por darse una vuelta en el campo para verificar que efectivamente se cultiva lo que se dice que se siembra. Y ya estaría trabajando también en una reforma del campo para evitar que muchos de estos niños vivan el nuevo mexican dream.

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