viernes, 3 de julio de 2015

El amante de la esposa de "El Güero Palma", el que era jefe del Chapo Guzmán

Héctor Palma Salazar. El brillo de sus ojos verdes cortaba la respiración de quienes lo rodeaban, había algo en esa mirada -dolor, rabia.

Que la reconocían como la expresión típica cuando iba a ordenar alguna ejecución. Dicen que se le acentuó desde que ocurrió aquel episodio con su mujer Guadalupe Leija Serrano y sus dos pequeños hijos. Porque a Héctor Luis Palma Salazar sus dotes de pistolero y verdugo siempre lo distinguieron cuando, a principios de los años 80.

Era un distribuidor de droga y gatillero a sueldo. Desde muy joven tenía agallas y talento, peculiaridad que agradó a Miguel Ángel Félix Gallardo, el precursor de los grandes capos del narcotráfico en México, quien lo invitó por aquel tiempo a ser su guardaespaldas.

El Güero Palma es un sinaloense nacido a mediados de los años 50 en el poblado Noria de Abajo, en un municipio al pie de la sierra llamado Mocorito. Supo ganarse la confianza de Félix Gallardo, quien con el tiempo lo hizo uno de sus operadores en Sinaloa.

Se ocupaba del trasiego de cocaína hacia la frontera y al ver lo jugoso del negocio, intentó comenzar a operar por su cuenta. Un cargamento que custodiaba con su gente fue el origen de la fractura, se dijo que se había quedado con el dinero y Félix Gallardo lo acusó de traición. La afrenta la comenzaría a cobrar cuando ordenó infiltrar al venezolano Rafael Clavel Moreno, apodado El Bueno Mozo, en el entorno de su antiguo colaborador.

Clavel se hizo novio de Minerva, hermana del Güero, y se granjeó la confianza del capo. Al paso de los meses comenzó a llevar a cabo el plan: sedujo a Guadalupe, esposa del jefe, a quien enamoró y logró que dejara a su marido. Ambos se fugarían meses después a Los Ángeles, donde la señora sacó de su cuenta bancaria 2 millones de dólares para volar a Caracas. En Venezuela, El Buen Mozo asesinó a los niños, se quedó con el dinero, decapitó a la señora y la cabeza la colocó en una caja de metal refrigerada para enviársela al Güero. Era la venganza de Félix Gallardo quien, para 1989, sería aprehendido por la PGR.

Con su detención vino la repartición de las rutas entre sus antiguos lugartenientes: al Güero le tocó el corredor que iba de Ciudad Obregón a San Luis Río Colorado en Sonora; sus socios, Ismael Zambada y su compadre Joaquín El Chapo Guzmán, operarían en Sinaloa, Nayarit y Guadalajara. Palma era amo y señor del tráfico de cocaína en el sur de Arizona cuando en junio de 1995 despegó a bordo de un minijet de Ciudad Obregón, donde vivía, con rumbo a Toluca, no pudo aterrizar pues ya la policía federal lo esperaba en la capital del estado de México. Desvió la ruta a Zacatecas donde tampoco pudo descender, se dirigió a Guadalajara y un convoy de militares lo aguardaba en el aeropuerto, sin combustible buscó aterrizar en Tepic pero la turbosina ya no alcanzó, la nave se desplomó, el piloto y el copiloto murieron y él quedó mal herido.

Fue llevado por sus hombres a Guadalajara donde el espionaje militar ubicó la casa de seguridad donde estaba convaleciente. Cuando el jefe de inteligencia de la quinta región militar, el capitán Horacio Montenegro, lo detuvo apoyado por un fuerte dispositivo castrense, El Güero no se podía mover. Aquella imagen del antiguo verdugo al servicio de Félix Gallardo que lo mostró en bata, con su rostro golpeado y un brazo inmovilizado, fue el epílogo de su carrera.

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